Poder saber amar con todo tu corazón a alguien y que ese amor te sea devuelto en igual medida es una de las mejores experiencias que tenemos como seres humanos. Estoy enamorada de la idea del amor. Siempre he sido una romántica empedernida...
Solía usar mucho la frase "no creo en el amor para mí misma"
Era casi un hecho para mí.
Pero entonces fue cuando alguien llegó con todas sus fuerzas a desbaratar mis esquemas y a hacerme creer... a darme esa ilusión que siempre tuve. A entregarse en cuerpo y alma, así como yo misma.
Dios sabe que no es fácil... no lo es.
Quizá el problema de amar es que no es solo la parte bonita de la historia, que existen muchas dificultades por las que debes pasar si quieres hacerlo realmente bien. Resulta que no solo se trata de querer a alguien... es más complejo que eso.
Pero una cosa es saberlo y otra vivirlo. Cuando me encontré en frente de la realidad, saber afrontarla no fue lo que yo esperaba. Pase por muchas cosas antes de poder entender el peso que tenía sobre mí y la manera en la que tenía que actuar para poder seguir adelante. Tuve que aprender a amar.
Dios sabe lo que cuesta... es mucho.
Ser capaz de dejar atrás tantas cosas, partes de ti, sacrificar un pedacito de ti por ese amor es un costo que nadie nunca espera tener que pagar. Pero es así, implica más factores de los que la gente suele hablar. Siempre tienes que dejar atrás todo lo que pueda dañar el amor que estás construyendo.
Yo tuve que hacerlo también, fueron grandes costos. Fueron decisiones difíciles de tomar. Y no voy a mentir, muchas veces me detuve a considerar si era realmente necesario, si realmente valía la pena... muchas veces lo hice sin estar del todo segura...
Dios sabe lo que vale el esfuerzo... lo vale.
Hoy, luego de mucho tiempo, realmente entendí el verdadero significado de este proceso que he venido haciendo. Aunque a palos y a ciegas, a veces a tientas, a veces inseguros y a veces a medias... decidí seguir en este camino con la persona que escogí, a pesar de todas las adversidades, a pesar de todos los obstáculos, seguí hasta el final.
Y poder detenerte por un instante a mirar el camino que has recorrido, lo que has logrado, donde estás y hacia donde vas y darte cuenta que has hecho todo lo humanamente posible, lo mejor de ti y hasta tu último esfuerzo por lograrlo... y que lo has logrado... no tiene precio.
Dios sabe lo que sigue... constancia.
Aunque estoy de pie observando todo, sigo viendo mi camino delante, sigo viendo la manera en la que las cosas deben continuar. La vista es admirable, pero no es el final. Ese camino sigue siendo largo, hasta la cima.
Dios sabe que no existe ninguna historia de amor real que tenga un final feliz. Porque si es amor de verdad no tendrá final... y si lo tiene, no será feliz.
Y yo creo que mi historia es una de esas... de esas que duran para siempre, de alguna forma u otra.
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Atte:
Una romántica sin remedio,
Tachy.