miércoles, 29 de marzo de 2023

Te he extrañado

No es como si estuviera esperando algo.
Para ser honesta, no espero nada, ni de ti ni de nadie.
Solo te extraño.

No estoy segura de si es un sentimiento racional o no. Tampoco podría decir que hay algún motivo o solo es mi mente divagando. Ni siquiera sé si puedo explicarlo... pero como muchas otras veces te he dicho: no pretendo dejar de ser honesta ahora.

Creo que puedo al menos ubicar el momento en el que empezó este sentimiento. Creo que fue hace unas dos o tres semanas.
Luego de terminar una relación que no iba a ningún lado, luego de recordarme que no necesito de nadie, luego de estar tranquila estando sola de nuevo... luego de eso te comencé a extrañar.

Es curioso cómo funciona el tiempo. La verdad es que cuando tu y yo terminamos, no te extrañé. Me dolió, te pensaba todos los días, me sentía vacía y triste y recuerdo haber amargado el día de algunos de mis amigos por hablarles de ti. Pero no te extrañé, no te quise devuelta. Quise que no te fueras, pero nunca quise que volvieras.

Aún hoy puedo decir que sigo sin tener ese sentimiento... de quererte de nuevo a mi lado. Solo te extraño.

Extraño lo que alguna vez tuvimos. Extraño nuestros chistes internos, bastante rídiculos y con muy poco sentido. Extraño nuestras largas conversaciones por teléfono. Extraño sentir que todo simplemente encajaba, como un rompecabezas que armabamos por instinto, sin siquiera mirar las fichas. Extraño nuestros desacuerdos y como ellos solo inspiraban más respeto mutuo. Extraño ese sentimiento constante de que podía decirte todo, hasta el más ínfimo de mis pensamientos. Extraño lo fácil que era hablar de las cosas incómodas. Supongo que lo extraño es la conexión que tuvimos.

Lo extraño de la forma que extrañas a alguien que quieres mucho y con el que no hablas hace mucho tiempo... solo preguntándote qué será de su vida y esperando que estén bien.

Debo decir también que aunque es un sentimiento tranquilo, me molesta un poco tenerte presente luego de tanto tiempo en el que ni siquiera tu nombre se me cruzaba por la mente. Escuchar canciones que me recuerdan a ti, sean las que te dedique u otras que ahora encajan más con nuestra historia. Es molesto porque me hace querer hablar contigo, contarte cosas de nuevo, decirte lo molesto que es pensar en ti. Y creo que queda claro como el agua que no planeo hacerlo... creo.

Te extraño.
Aunque no creo que vayas a leer esto pronto o tal vez nunca, de alguna forma quería dejartelo saber. Y que sigo aquí. Quería recordarte que nuestra última conversación sigue vigente, que sigo fiel a cada palabra que te dije. Si es que eso importa en algo para ti.

Honestamente, espero que estés bien.
Y espero que de vez en cuando pienses en mí.


.


Atte: Tachy.

domingo, 19 de marzo de 2023

Sigo aquí, sigo viva.

Sentarme a tomarme el tiempo de leer todo lo que escrito en el transcurso de los últimos años me genera sentimientos que no soy capaz de explicar.

Nostalgia, tristeza, empatía, cariño, amor, diversión.

Sin embargo creo que el principal sentimiento que tengo en este momento es de paz. Paz y tranquilidad de saber que todos esos momentos difíciles por los que pasé y tuve el valor de sentarme a relatar en su momento, ya no me afectan.

Nadie te prepara para lo que es estar bien. Nadie te advierte del constante presentimiento de que tu vida está tan tranquila que en cualquier momento algo va a salir mal. Y mucho menos te advierten cómo sentirte cuando nada se derrumba, cuando las cosas mantienen su curso y tú estás... bien.

E incluso ese sentimiento de estar esperando que algo salga mal, tampoco me afecta ya. Realmente nada te prepara para estar bien luego de pasar años de tu vida pensando honestamente que jamás lograrías estar en paz y vivir una vida tranquila y estable.

Es malditamente hermoso.

Explicar como llegué hasta este punto es muy difícil, porque ni yo misma estoy muy segura de cuál es la clave. Lo mejor que puedo hacer es hacer un recorrido por todo lo que me ha llevado a estar aquí hoy escribiendo esto. No sé que tan esclarecedor podrá llegar a ser pero vale la pena intentarlo, así que, si tienes unos minutos para leer, esta ha sido mi experiencia...

.

Lo había olvidado, ¿Saben? Había olvidado lo doloroso que era estar mal. Leerme a mí misma contando como todo se sentía como el peso del mundo sobre mis hombros, sin saber qué hacer o a quién acudir; me duele más allá de lo que puedo describir porque recuerdo perfectamente estar sentada frente a esta misma computadora tratando de describir como me sentía. Y recuerdo claro como el agua como se sentía.

Recuerdo el dolor en el pecho, el llanto que te ahoga y las lágrimas que simplemente no se detenían. Recuerdo las incontables noches en las que no solo no podía dormir, sino tampoco podía parar de pensar. Recuerdo desear con todas mis fuerzas dormir para siempre porque era el único momento del día en el que podía apagar mi cerebro. Recuerdo lo doloroso que era despertar y ser consciente de que todo seguía igual y que tenía que afrontar otro día más.

Me sorprende mucho que en medio de todo eso, aún tuviera el valor de tratar de explicarlo. De sentarme a tratar de poner en palabras como se sentía todo aquello. Recuerdo estar tan deprimida que genuinamente no entiendo como podía escribir de ello. Pero lo hice.

Cuando digo que lo había olvidado no me refiero a que literalmente lo borrara de mi mente. Tengo demasiado buena memoria como para olvidarme de algo así. A lo que me refiero es que llevo ya cierto tiempo sintiéndome bien que simplemente no tengo presente el dolor que me ha traído hasta aquí. Estos últimos meses he experimentado cada vez más recurrente este sentimiento. El sentimiento de lo raro que es voltear a ver mi camino y saber que estoy mejor.

Escribo esto porque siento que es momento de darle un cierre. Para que deje de sorprenderme cada vez que algo me recuerde mi proceso, para que pueda avanzar y dejar todo esto como una anécdota más, no como el final de todo lo que puedo alcanzar en mi vida. Porque puedo llegar mucho más lejos, eso lo sé ahora. Ahora sé que todo esto solo es una historia más.

Una historia que no sé cuando empezó. Honestamente creo que siempre fue así. Siempre de una u otra forma mi vida estuvo involucrada en algún drama que me afectaba directa o indirectamente. 

Así que puede ser que empezara cuando mi mamá decidió dejarme e irse a vivir otro país cuando yo apenas tenía siete años y cómo, aunque seguía en contacto con ella, siempre se ha sentido como un abandono.
También puede ser que empezara cuando la mujer que me crió como su hija murió cuando yo tenía doce años y mi familia entera no supiera cómo lidiar con su perdida.
O cuando tuve que mudarme a otro país a vivir con mi mamá a raíz de lo anterior y descubrí que no era una persona amorosa y que, sin importar cuánto la quisiera, no se sentía como tener una madre. Yo tenía trece años.
También esa vez cuando por primera vez me acosaron en mi propia casa, en mi propio cuarto y aún así era "algo de esperarse" y nadie hizo nada. Yo aún tenía trece años.
Tal vez fue cuando a mis quince años empecé a descubrir y conocer mi sexualidad y fui acusada de puta por ello.
Siempre he pensado que fue a mis dieciséis cuando mi ex decidió que era buena idea engañarme, mentirme, manipularme y alejarme de todos mis seres queridos y que a raíz de ello acabe lastimando a muchas personas hasta que cumplí dieciocho.
La cumbre de todo fue cuando mis dieciocho el método anticonceptivo falló y quedé embarazada de mi ex abusador. Decidir abortar cuando iba en contra de todos los principios en los que me había criado, simplemente me destruyó completamente.
Huir de casa, volver a mi país de origen, abandonar la vida que había construido, dejar mis estudios y tratar de explicárselo a las personas que estuvieron para mí.
Convencerme que tenía que compensar todo lo que había hecho mal para demostrar que podían quererme y confiar en mí a costa de mi salud mental, sin pasar por el luto y deprimida; no ayudó.
Acostarme con chicos random que me sexualizaban solo para tratar de sentir que alguien me quería y volver a casa para sentirme usada y sola... a los diecinueve es demasiado con lo que lidiar.
Llegar al punto de quiebra a los veinte donde no me sentía bien con nada ni con nadie y considerar (de nuevo) el suicidio como opción fue lo que me acabo llevando a una cita de psicología y psiquiatría dónde acabaría pasando los próximos casi dos años de mi vida.
Muchas noches sin dormir, llorando, enfrentándome a mis propios pensamientos, cuestionándome todo lo que me había pasado, sintiéndome miserable, sintiéndome culpable, encontrando excusas y destruyéndolas, culpando a otros, asustada y aterrorizada, sin sentirme digna ni merecedora de amor, convenciéndome de que así sería el resto de mi vida.
Todo eso sin dejar de tener que levantarme todos los días a cumplir con mis responsabilidades, aprendiendo a ser adulta.

No recuerdo cuando las cosas empezaron a cambiar. Sé que fue en algún punto de mis veintiún años pero poco a poco todo eso... fue cada vez menos. Poco a poco empecé a llegar a acuerdos conmigo misma sobre las cosas en las que me sentía culpable. Poco a poco fui perdonando y soltando a todas las personas que me lastimaron. Poco a poco fui seleccionando y apreciando a las personas que estuvieron conmigo durante todo ese tiempo. Poco a poco empecé a apreciarme y a admirar lo valiente y fuerte que había sido con todo lo vivido. Poco empecé a notar mis patrones de comportamiento tóxicos que no me ayudaban y aunque no era capaz de cambiarlos inmediatamente, lo intentaba. Poco a poco aprendí a hablar de mis experiencias sin hacerlas un drama. Poco a poco empecé a burlarme de mis propios errores, en un plan sano y seguro, sin minimizarlo. Poco a poco, empecé a estar bien.
Incluso tuve una bonita oportunidad de estar con alguien durante ese tiempo. No funcionó por factores externos pero fue bonito saber que aún podía querer, que no estaba rota, que amar no me quitaba nada.
No sé cuando, no sé si fue la terapia, hablarlo con mis seres queridos, intentarlo cada día aunque no supiera porqué, fuerza de voluntad, tiempo, vida o todo lo anterior. Pero un día estuve mejor.

Así que esa es la historia que me ha traído a estar aquí sentada. En algún punto deje de ver las cosas como una tragedia y empecé a enfocarme en qué podía aprender de ello. En algún punto los recuerdos no eran tristes, solo recuerdos.

.

Debo decir que tiene mucho que ver con las personas que estuvieron conmigo. Creo que jamás lo hubiese logrado si mi padre no hubiese estado dispuesto a correr a llevarme chocolate cada vez que lo llamaba en medio de una crisis. Creo que jamás hubiese estado mejor si Niur no hubiera estado ahí para escucharme, sin juzgarme e incluso cargarme en uno de mis desmayos de embarazada. Creo que no lo hubiese logrado si mi tía no me hubiese dado la mano para escapar de mi casa cuando no podía soportarlo más. Creo que no hubiese llegado a dónde estoy si mi abuela no me hubiese defendido a capa y espada a pesar de no tener ni idea de todo lo que me había pasado. 
Creo que el amor incondicional de muchas personas es lo que me tiene viva hoy en día. Y ya se los he dicho, pero jamás me va a alcanzar la vida para devolverles tanto. Espero que lo sepan.

Han pasado muchas otras cosas. Muchas otras pequeñas lecciones que también me han ayudado a estar mejor. Cosas que si bien fueron importantes en su momento, como decidir que hacer con mi vida académica, la búsqueda de un trabajo y estabilidad económica, muchos idiotas que han querido lastimarme, aprender a amarme no solo como persona sino también físicamente e incluso dejar ir a personas; cosas que me enseñaron pero que hoy en día ya no me afectan, también pasaron.

La historia es muy larga y mucho más compleja de lo que puedo expresar aquí. Pero es solo eso, una historia.

Dolió, fue difícil, les juro que hubo muchos momentos en los que realmente pensé que no iba a lograrlo. Pero lo logré. Sigo aquí, sigo viva. De alguna u otra forma, lo estoy. Y no saben lo feliz que eso me hace.

Que sea una historia no significa que deje de importar. Todas esas cosas me convirtieron en la persona que soy hoy y las llevaré conmigo hasta el día que me muera. Pero no pesan. Ya no pesan. Aprecio y valoro todo lo que me ha pasado, agradezco eternamente haber sobrevivido porque aún me quedan muchas cosas por hacer. Todo esto me enseñó que no es lo que quiero que sea mi vida. No quiero que solo sea que logré superar la adultez joven de muchas tragedias y luego viví una vida tranquila.

Quiero mucho más.
Aún no sé cómo lo voy a hacer y tampoco tengo un plan. Solo me esfuerzo en trabajar todos los días de mi vida por lograrlo, por caminar a dónde quiero ir. Sé que lo voy a lograr, no sé cómo, pero lo haré.

Y es muy extraño escribir esto con la total confianza de estar diciéndolo de verdad. Anteriormente también escribí mensajes inspiradores de que algún iba a estar bien pero honestamente en ese momento no lo creía, solo era una esperanza muerta de alguien que se ahoga. Es muy extraño saber que lo que escribo hoy no es nada más que la honesta verdad de cómo me siento y cómo veo mi futuro.
Es raro que sea tan esperanzador. Pero así me siento y no voy a cortarlo ni un poquito.

Puede que haya otras historias, puede que la vida me tenga preparadas muchas otras crisis y malos momentos. Solo sé que cuando sea que sucedan, estaré más preparada para afrontarlos de lo que estaba cuando la vida se me fue al traste. 
Ya no soy una niña pequeña con una idea ilusoria del amor ideal, ni tampoco espero nada de nadie, ni siquiera de aquellos que siempre han estado. Ya no soy una adolescente radical que ve la vida en blanco y negro, ahora sé que hay muchos matices de grises y eso está bien. Ya no soy una joven aprendiendo a ser adulta, asustada de todo lo que la rodea y permitiendo que los demás le pasen por encima.

Ya no tengo miedo de ser yo misma.
Para mí, eso es suficiente.

Estoy a unas semanas de cumplir veintitrés. Se siente muy raro pensar que hace apenas un año todavía me afectaban muchas de esas cosas. Parece imposible que solo en un año haya logrado estar dónde estoy hoy. La vida cambia demasiado y muy rápido. Solo planeó seguir trabajando en mí, en mantenerme bien y en las cosas que quiero lograr. Estoy bien, finalmente estoy bien. 

Gracias a todos los que estuvieron para mí.
Gracias si te tomaste la molestia de leer todo esto.


.


Atte:
Siendo mi mejor versión,
Tachy.