martes, 19 de septiembre de 2023

La imposibilidad del amor

He sido una romántica empedernida toda mi vida.
Desde que tengo uso de razón he estado enamorada de la idea del amor.

Debo decir que no entendía nada del amor, solo me ilusionaba verlo en películas y leerlo en novelas que me hacían sentir especial, que me hacían creer que algún día iba a estar tan llena de todo esos sentimientos y todo ese cariño que no iba a necesitar nada más en la vida.

Obviamente, ahora sé que así no funcionan las relaciones.
Debo decir que habría sido bueno que alguien me lo explicara antes. Sé que nadie aprende porque otro se lo cuente, pero habría sido bueno saberlo mucho antes.

No solo por la desilusión que implica darte cuenta que tu idea del amor está terriblemente lejos de la realidad, sino por evitar las experiencias que te hacen darte cuenta de ello. Porque no suelen ser bonitas.

Habría sido bueno ir un poco más precavida en lugar de meterme de cabeza de lleno a esas situaciones, solo porque creía saber lo que hacía.
Igual puede que no sirviera de nada, la verdad. Soy impulsiva de naturaleza, lo más probable es que no hubiese hecho caso a nadie.

La cuestión es que luego de varias experiencias fallidas, mucha autoreflexión y análisis de las relaciones que me rodean, hoy día soy una adulta que sabe que el amor no es fácil de conseguir y mucho menos de mantener. Que sabe que el amor va mucho más allá que sentir atracción por alguien, que estar enamorado, que ver tu vida entera con alguien.

Y tener tan claro esto es incluso peor cuando tengo muy definidas mis expectativas y sé lo que merezco. Porque al final acaba generando un sentimiento de desazón en mi mente y corazón que me recuerda que, tal vez, nunca logre conseguir algo así.

Suena pesimista y lo primero que suele decir cualquier persona a la que le expreso estos sentimientos es que aún soy muy jóven, que todo mejora, que algún día sucederá.
Quizá tienen razón.

Pero ellos nunca van a entender lo que se siente darlo todo, tener ese deseo en ti, salir con personas que no se cansan de repetirte lo maravillosa que eres pero que nunca se quedan, saber que nunca has sido la prioridad, que nunca te han escogido, que siempre eres excepcionalmente buena pero nunca lo suficiente para ser a la que escojan.

Nunca soy a la que escogen.
Y no creo que nadie nunca lo haga.
Y no es pesimismo, es mi realidad.

Quisiera aún tener la ilusión de que será diferente. La ilusión duele y lastima pero siempre tiene ese sabor agridulce de una remota posibilidad brillante.
La absoluta certeza de la imposibilidad del amor en mi vida no duele... no duele porque no se puede lastimar lo que no existe.
Así que al final solo queda un vacío.
Un vacío que a veces se llena de lágrimas por lo que nunca será.


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Atte: Tachy.