domingo, 27 de abril de 2025

Espiral

Creo que al fin lo entendí.

Es curioso porque no es que no lo supiera antes, simplemente mi mente no lograba comprenderlo del todo. Creo que ya lo veo con claridad.

No vas a volver.
Te destruí. Dañé tu confianza. Rompí tus ilusiones. Acabé contigo y con nosotros.

Lo entiendo.
Da igual que no haya sido mi intención, lo hice.
Da igual que te haya amado, te lastimé.
Da igual que quisiera arreglarlo, ya estaba hecho pedazos.

Y no hay nada que yo pueda decir o hacer para hacerte ver que lo veo, que lo entiendo, que lo siento y que de verdad quería arreglarlo.
Sencillamente, el daño está hecho, tú te rendiste y yo debo pagar el precio.

Es curioso entenderlo porque por un lado, duele, pero por otro lado es liberador.

Llevo meses sufriendo, sintiéndome culpable, intentando entender tu mente y tus sentimientos no dichos, tratando de demostrar que mis palabras e intenciones son verdaderas, tratando de decirte de mil formas que te amo, aceptando tu indiferencia como mi castigo, rogando por tu atención y tu tiempo, planeando imposibles y fantaseando con finales felices.
Llevo meses haciéndote el centro de mi vida, tratando de compensar el momento en el que no lo hice, humillándome y justificándolo con que es lo que debo hacer porque yo fui la que te falló.
Llevo meses en una agonía sin fin y me tomó quince segundos ver tu cara llena de frustración y fastidio para entender que se acabó.

De nuevo, no es que no lo supiera. Es que yo, estúpidamente, no quería creer que era cierto.

Traté de justificar tus rechazos e indiferencias con que solo te estabas protegiendo y cuidando. Con la verdad indiscutible de que te lastimé y no me debes nada. 
Y aunque eso, hasta cierto punto, es cierto, la verdad es que también me has hecho daño.

Cada vez que no me dejabas expresarme. Cada vez que me negaste una respuesta. Cada vez que pasaste a mi lado como si yo no existiera. Cada vez que accedías a pasar tiempo conmigo, me tratabas bonito y luego me apartabas como si fuera venenosa. Cada vez que te negaste a tener una conversación. Cada vez que decías comentarios con doble sentido, disparando a matar pero disfrazandolo de broma. Cada vez que tus acciones y tus palabras no iban de la mano y me generaban confusión. Cada vez que no te mantuviste alejado como dijiste que lo harías. Cada vez que tu condescendencia me miró hacia abajo cuando yo solo intentaba ser honesta contigo. Cada vez que se te escaparon palabras de amor y luego prentedías no haber dicho nada.
Incluso anoche, mientras me ayudabas, me lastimaste haciéndome sentir como si yo fuera un problema del que te tenías que hacer cargo, un estorbo.

Soy consciente de que es posible que muchas de esas heridas hayan sido más percepción mía que una realidad tuya.
Soy consciente de que lo más probable es que tú no estés sintiendo o siquiera te hayas sentado a considerar el alcance de todas y cada una de tus palabras y acciones en mi vida.
Soy consciente de que, al igual que yo, tampoco ha sido tu intención lastimarme.
Soy consciente de que tal vez no te hayas sentado a pensar y procesar todo lo que sucedió.

Y, de nuevo, todo eso puede ser cierto, y aún así no dejan de ser excusas que busco para justificar tu falta de responsabilidad afectiva conmigo estos últimos meses. Que sean verdad no cambia que me has hecho daño. Que puede que sea verdad no significa que no me has dejado sobrepensando y analizando cada palabra y acción sin ninguna explicación real. Que mi asunción sobre lo que estás viviendo, pensando y sintiendo tú, tal vez sea correcta, no significa que no me hayas dejado desgastandome mental y emocionalmente por ti. Y que lo sabes.

Oh, claro lo sabes.
Eres demasiado inteligente para poder justificarte con la ignorancia de que nunca se te haya cruzado por la cabeza el irrefutable hecho de que yo me he desvivido con todo esto.
En los temas emocionales no tendrás maestría, pero no eres ningun idiota que no puede entender todo lo que literalmente te he dicho.
No hace ni dos semanas te estaba recordando fervientemente lo mucho que te amo y pidiéndote que vuelvas. No puedes no entender las palabras claras y consisas que te he dicho a la cara.

Así que por más que sigo buscando excusas para ti constantemente, ya no puedo pensar que no hay una parte de ti que sabe perfectamente el daño que causas. Y que eso no te importe, dice demasiado.

Sí, no somos nada, no tienes porque hablar conmigo si no quieres y no hay nada que te ate a mí. Sí.
Pero tampoco creo que eso justique tratar a una persona que por meses fue todo para ti, que está intentando amarte y ser honesta contigo, como si no valiera nada, como si no mereciera ni siquiera una mirada. Y mucho menos cuando tú voluntariamente accedes a estar en espacios compartidos.
No puedes ser tan cínico de pensar que nada de eso importa o afecta.
No puedes pretender que no pasa nada.

Lo más frustrante de todo esto, es que siquiera pensar en decirte todo eso es peor porque solo imagino las muchas excusas que pondrías, lo mucho que sería yo la loca insistente y fastidiosa que no sabe soltar, que no supera y que te agobia. Te has encargado de que no haya una sola forma en la que yo pueda sentir y expresarme contigo sin quedar yo como una completa irracional; de alguna forma me has hecho creer que no tengo derecho a decir o hacer nada porque todo cruza tus límites y si cruzo tus límites soy la mala, pero tampoco cumples tu palabra.
Sigues ahí. Sigues permitiendo esto. Sigues perpetuando la tortura que ambos dijimos que no queríamos.

En este momento, por doloroso que sea, casi hubiese preferido que cumplieras todo lo que alguna vez dijiste que harías. Casi habría sido mejor no volver a hablar o vernos. Casi.

Te amo pero no creo que pueda soportarlo más.
No creo que mi ser, mi cuerpo, mi alma y mi mente sigan aguantando tu maltrato disfrazado de indiferencia y con la excusa de que no hay ningún compromiso.
No puedes terminar un vínculo tan real y profundo y no tener una responsabilidad en cómo se termina.

Estoy agotada.
No puedo hacer promesas ahora porque lo cierto que es estoy dolida y no estoy en ninguna posición de hacer afirmaciones sin acabar tragándome mis palabras.
Pero lo cierto es que siento que estoy llegando a un punto de no retorno y no sé que pueda suceder.
No me siento con la fuerza de alejarte y dejar todo esto atrás.
Pero tampoco me siento con la fuerza de soportar una sola acción más de tu parte que acabe humillándome y destruyendome.

Quiero quitarte el poder de hacerme tanto daño.
Te he protegido a capa y espada todo este tiempo, pero ya no tengo cómo pensar que, quizá, lo estás haciendo sabiendo perfectamente el dolor que generas.

Quise creer que solo estabas confundido, dolido y afectado.
Quise creer que jamás me herirías a propósito.
Quise creer que eras el caballero más correcto que he conocido.
Quise creer que todo tenía un transfondo y una razón de ser.
Incluso quise creer que lo merecía como castigo por mis acciones.

Pero se me acabaron las excusas para tus acciones.
Aún quiero pensar que no es intencional y que todo esto es mi culpa por permitirlo, porque claro que también lo he permitido y esa es mi responsabilidad, entiendo que yo no he sabido soltarte y sigo volviendo una y otra vez y por eso, no puedo adjudicarte todo el peso. Aún quiero creer que te puedo redimir.
Pero ya no puedo convencer a mi mente de que todo es tan honesto y sincero como alguna vez pensé que era.
Lo cierto, es que siento que ya no te conozco.

Ya no eres ese hombre que hubiese dado lo que fuera por mí.
Y por mucho que entiendo que tengo una responsabilidad enorme en que ya no sea así, ya no puedo fingir que tú no tienes también una responsabilidad en tus acciones y que tú también hiciste y dijiste muchas cosas que nos llevaron a este punto. 

Yo no fui perfecta, tú no fuiste percecto, no eramos perfectos. Pero nos amabamos.
Y de verdad quiero pensar que eso pesa más. Pero no puedo seguir usando mis buenos recuerdos de todo el amor que compartimos en su momento para pasar por alto la realidad de que ya no te importa... de que ya no te importo yo.

Oh, lo que es sentarme a llorar mirándome al espejo, insultándome, buscando sentir pena de mí misma, extrañándote, preguntándome porqué, recordando todo lo que hice mal, arrepintiendome, queriendo poder odiarte, haciendo planes para por fin soltar la idea de ti, pensando en tu indiferencia, recordando los momentos juntos, considerando que tal vez vernos una vez más no estaría mal, diciéndome a mí misma que ya es hora de seguir, cuestionarme qué estás haciendo y si todos tus planes se te están dando, reprimir el deseo de correr a abrazarte y besarte, tratando de convencerme a mí misma de que tal vez todavía me quieres.

Tus abrazos.
Creo que eso es lo que más extraño.
Tus abrazos que siempre me hicieron sentir segura, en calma... siempre me diste paz.
Debo decir que a veces me torturo a mí misma pensando si acaso yo logré transmitir el mismo sentimiento hacía ti y llegando a la conclusión de que lo más seguro es que no.

Todo esto es una espiral.
Y como dije, estoy cansada, agotada y no puedo tomar decisiones ahora mismo. Solo sé que ya no creo poder aguantar mucho más.
En parte, ya ni siquiera estoy segura de si quiero que cambies de opinión y aparezcas en mi puerta, por mucho que fantasee con la idea. Ya no estoy segura de si podría recibirte con los brazos abiertos y sin dudar ni un segundo.
Ya no estoy segura de que eso sea lo correcto.
Ya no sé nada.

Todo mi sistema de creencias, valores y mi sentimiento de identidad han quedado destruidos. Solo estoy sentada mirando las piezas rotas y tratando de hayar un sentido para empezar a reconstruirlas.
¿Cómo es que a pesar de no saber quién soy yo, igual sé que me importas? No tengo idea.
Y es ese mismo apego el que no me deja avanzar.
Sé que debo seguir, sé que debo soltar, sé que debo renunciar.
Sencillamente no sé cómo... todavía.
Espero averiguarlo pronto, por mi propia salud mental.
Y a pesar de todo, te sigo queriendo y te sigo deseando lo mejor. Quisiera tener el placer de un día saber que lo lograste.

Soy una estúpida, eso es lo único seguro.


Atte,
Tachy.

domingo, 20 de abril de 2025

Soñé que se te escapaba un te amo

Era uno de esos muchos encuentros clandestinos y esporádicos que nos estábamos acostumbrando a tener.
Una escapada, una noche, un fin de semana.

Estábamos felices y bromeando el uno con el otro. Por un momento todo parecía ser como siempre lo había sido antes de la tormenta, antes de que todo se derrumbara, antes de la caída. Ni siquiera estábamos pensando en lo que nos había separado.

Estaba encima tuyo en la cama, riéndome mientras te besaba, te mordía suavemente y te hacía cosquillas con mi cabello y tú me seguías el juego, tan feliz como yo.
Entonces pasó.

Me dijiste "Te amo"
Yo te miré con amor y dije "Yo también te amo"

Te abracé y por un momento fui inmensamente feliz. Te dije lo mucho que extrañaba escuchar eso. Dijiste que se te escapó.
Pero no me apartaste. No hicimos ninguna promesa ni hablamos de ello, solo me abrazaste y seguimos siendo felices en ese pequeño pedazo de tiempo que era nuestro.

Desperté pensándote.


Atte,
Tachy

sábado, 5 de abril de 2025

Espectro de grises

No sabía lo dolorosa que puede llegar a ser la impotencia.

Cuando ya no hay nada que hacer, cuando todo ha sido dicho y hecho, cuando ya no hay nada pendiente ni expectativas por cumplir, cuando te quedas ahí contemplando todo lo que fue y lo que ya nunca será... en ese momento, ¿Cómo es que duele tanto?

¿Cómo es que aún se siente un nudo en la garganta pero ya no tienes palabras? ¿Cómo es que aún duele el pecho pero ya no tienes nada que lo presione? ¿Cómo es que puedes sentir que te ahogas pero respiras igualmente?

Estoy aprendiendo que hay cosas que nunca voy a entender.
Lo cierto es que esa idea no me gusta, me frustra mucho la idea de no comprender algo, me hace sentir tonta.

Sin embargo, nunca voy a entender porque algunas personas hacen lo que hacen.
A veces, ni siquiera entiendo porqué yo misma hago muchas cosas, así que supongo que no puedo esperar mucho de nadie.

Recuerdo pensar, hace muchos años, que cuando uno llegaba a cierta edad ya debías saber un montón de cosas y eso significaba que estabas preparado para la vida. 
Ahora que he crecido, me sigue sorprendiendo cada que la vida encuentra nuevas formas de enseñarme que no estoy lista.
El orgullo ha sido mi pecado. Siempre he creído estar por encima de las lecciones, de la vida misma.
Supongo que eso es lo que me hace una verdadera tonta.

Estoy aprendiendo que tengo demasiado por aprender.
Que aún habiendo vivido muchas situaciones difíciles, no tengo la certeza de saber cómo lidiar con la siguiente.
Que puedo cometer errores en situaciones que pensé que tenía controladas.
Que no siempre tengo la razón ni el control y eso no significa que algo vaya a salir mal.
Que no debo entenderlo todo para aceptarlo. Tú me enseñaste eso.

Sé que soy una persona orgullosa, obstinada y necia. No soy perfecta y estoy lejos de serlo, soy humana y cometo errores. Y definitivamente cometí muchos que me llevaron a dónde estoy ahora.

No quiero caer en repetir el arrepentimiento pero tampoco quiero que solo se hable de lecciones.
Hay todo un espectro de sentimientos, razonamientos, emociones y lógicas que es mucho más complejo que solo arrepentirse y llorar, o aprender y superar.
La vida nunca ha sido blanco y negro. Hay una gama de grises demasiado amplia. Y cada día tiene un tono diferente.

Hay días que agradezco todo lo que pasó y veo la situación con aprecio. Hay días que no puedo parar de llorar por el dolor y los recuerdos que me sobrecogen. Hay días que entiendo que me equivoqué y aún así me siento tranquila de saber que hice todo lo mejor que pude. Hay días de ira y frustración, de querer gritar de puro enojo conmigo misma. Hay días en los que tan solo te extraño y el vacío que dejaste en mi vida me traga desde dentro. Hay días en los que me siento valiente y tonta y quiero salir corriendo a abrazarte.

Todo sucede al mismo tiempo, ninguno de esos estados es mejor o peor que el otro. Todos coexisten dentro mío y todos me recuerdan constantemente a ti.
Trato de aprender a vivir sin ti. Trato de entender que ya no estás. Trato de que eso esté bien.
Lo intento, lo intento de verdad.

A veces soy fuerte, a veces me derrumbo.
No sé si al final voy a poder lograrlo.

Mi única realidad absoluta es lo mucho que me haces falta y lo mucho que te amo.



Atte, completamente tuya y tratando de vivir sin ti,
Tachy.

sábado, 22 de marzo de 2025

Cosas que quizá nunca leas

Días como hoy, cuando me hace tanta falta tu presencia y todo me recuerda a ti (aunque mentiría si dijera que no pasa todos los días), me pregunto si a ti te pasa igual.

Me pregunto si te da una picada en el corazón cuando pasas por un lugar en el que fuimos a comer, o si alguna de las cosas que alguna vez compartimos te recuerda automáticamente a mí y te sientes solo o me extrañas.
Me pregunto constantemente si me extrañas.

Quiero pensar que sí.
Quiero pensar que te importo.
Quiero pensar que existe una parte de ti que anhela tanto estar conmigo como yo contigo.
Quiero pensar que me piensas.
Quiero pensar que todavía me amas.

Pero esas ideas solo lastiman. Son una mentira, una ilusión. Es mi cabeza negándose a aceptar que ya no estás aquí.

Ni siquiera estoy muy segura de porqué escribo esto. Sé que nunca lo vas a leer. Y no quiero repetir todo lo que ya he dicho anteriormente porque de nada sirve.
Solo me pesa tanto el corazón, que no sé qué hacer con todo este dolor, más que llorar y escribirte cartas que nunca vas a ver.

Lo cierto que es no entiendo muchas cosas.
No entiendo tus muchos comentarios ambiguos, en especial en esa última conversación. No sé si es que soy yo queriendo leer entre líneas palabras que no existen, pero constantemente tengo el presentimiento de que hay un montón de cosas que no me dices claramente, pero tampoco intentas explicarlas cuando pregunto.
Ya no sé si puedo soportar escuchar otra vez que no quieres saber nada mí, sin acabar volviéndome loca en el proceso.

Quisiera entenderte. Quisiera que me explicaras.
Tengo la horrible certeza de que si te abrieras a mí, la situación sería muy diferente. Entiendo que no quieras hacerlo, entiendo que no quieres ser vulnerable ante mí, entiendo que te estás protegiendo. Solo es terriblemente frustrante.

Sé que ya no hay nada qué hacer.
Al menos, no de mi parte.

He estado desde el día uno intentando con todo mi ser estar aquí, trabajar en mí, arreglar las cosas, rogándote incansablemente para que al menos consideres trabajar en esto conmigo. Ya no puedo hacer nada más.

También sé que pedirte algo es demasiado. Pedirte que siquiera me escuches ya cruza los límites. Lo sé.

Pero no deja de doler ni un solo momento que nada de lo que te brindé durante nuestro tiempos juntos, ni de lo que he hecho estas últimas semanas por reconocer mi error, pedir perdón y querer arreglarlo, valga ni un poquito para ti... para al menos abrirte y ser transparente conmigo.
Ya ni siquiera espero que aceptes intentarlo, solo duele ese trato hacía mí, como si fuera lo peor que te ha pasado en la vida.

Como si todo el amor que te di, que te tengo, no valiera nada.
Eso, es quizá lo que más duele.

Y aunque quiero estar molesta y ofendida contigo (y sé que lo estoy), aún así te extraño.
Aún así, todo lo bueno sigue pesando mucho más.
Aún así, entiendo y no te culpo ni te juzgo.
Aún así, te amo.

¿Cómo podría no amarte solo porque te escoges a ti mismo?
En cualquier caso, me siento orgullosa de que lo hagas. Sé que no es fácil para ti, sé que tiendes a querer hacer a todos felices.
Aunque sea a mí costa, estoy feliz por ti.

No puedo hacer más que llorar, extrañarte, aprender a vivir sin ti, entender la lección en todo esto y desearte lo mejor.
Aunque eso no sea conmigo, aparentemente. 

Quiero matar las fantasías e ilusiones de que tal vez un día volverás, sencillamente porque no puedo aguantar el dolor que provoca la decepción.
Duele demasiado amarte tanto, esperar tanto y solo quedarme sentada viendo como la vida pasa.

Mi puertá seguirá abierta. Puedes tocar cuando quieras.
Es lo único que realmente puedo decir con certeza.
Todo lo demás, son palabras ahogadas en dolor y desesperanza y quizá no sirvan para nada.

Si es que alguna vez sirvieron.



Atte, completamente tuya y destrozada.
Tachy.

sábado, 8 de marzo de 2025

Duele respirar

Verte desaparecer poco a poco de mi vida ha sido doloroso.
¿Cómo pasamos de estar todos los días juntos, cocinando, hablando, durmiendo, compartiendo nuestro tiempo a no vernos para nada?
¿Cómo te mantienes alejado, sin decir una palabra, como si todo el tiempo que pasamos juntos no hubiese existido? ¿Cómo es que parece que fue tan fácil para ti alejarte de mí?

Me dijiste que no tenía que entender algo para aceptarlo, pero, ¿Cómo aceptas algo que no tiene sentido?
¿Cómo puedes dejar atrás a la persona que amas sin siquiera voltear a ver?
De verdad no lo entiendo.

Te extraño. 
Cada fibra de mi cuerpo me grita que salga corriendo hacia a ti, que te abrace, que te bese, que me aferre a ti para siempre y no te suelte nunca.
Detener ese impulso ha sido realmente difícil. La única razón que me mantiene en mi lugar es lo mucho que te amo. Porque sé que odiarías que hiciese algo así y estoy intentando no ser egoísta.

No me había dado cuenta de lo acostumbrada que estoy a serlo. Y quisiera poder decir que es porque soy así, pero lo cierto es que ni siquiera lo sabía, no sabía que tanto estaba pasando por encima de los demás, y no sabes lo mucho que me arrepiento haberte hecho pasar por eso.
Quisiera que pudieras tener la certeza de que ahora lo sé y no lo volvería a hacer jamás, y que solo quiero arreglar las cosas.

Alguna vez te lo dije... no quiero que mi egoísmo sea más grande que mi amor por ti.
Trato de seguir esa línea.

Pero, maldita sea, tengo que desahogarme y decir lo difícil que es. No sé cómo puedes mantenerte en tu raciocinio con todo esto, yo siento que pierdo la cabeza cada día. Es horrible querer algo tan desesperadamente y solo poder sentarse a recordarlo.

Me duele la garganta de lo mucho que quiero gritar y llorar.
Odio esta situación, odio no estar contigo, odio sentirme sola, odio haberte lastimado, odio la distancia, odio el vacío en mi pecho, odio todas las estúpidas cosas que constantemente me recuerdan a ti.
Estás en todas partes.

Estás en el lado vacío de mi cama. Estás en mi cocina cada que entro. Estás en el cepillo de dientes de mi baño. Estás en la nota que me escribiste y puse en mi billetera. Estás en las cosas que me dejaste. Estás en los lugares en los que compartimos. Estás en mi escritorio. Estás en la toalla que usaste. Estás en las sábanas que no he podido quitar. Estás en los jabones que te compré. Estás en las ligas para el pelo que me diste. Estás en los chocolates que aún no he podido comer. Estás en los zapatos sucios luego de ese día en la feria. Estás en Moccacino. Estás mi computadora. Estás en mis tareas de matemáticas. Estás en la serie que no quiero ver sin ti. Estás en cada parte de mi cuerpo que tocaste. Estás en el maldito aire que respiro.

Duele respirar sin ti.
Duele extrañarte, duele querer acariciarte la cara, duele querer besarte, duele desearte, duele cada uno de los metros que nos separan, duele la distancia con la que me hablas, duele que hiciste todo lo posible para no volver a saber de mí.
Duele querer estar a tu lado.

Estoy devastada.
Y no estoy segura de si alguna vez volveré a estar del todo bien.

En este punto, solo deseo saber de ti.
Solo quiero saber que estás bien.
Sé que para ti todo esto también debe ser terriblemente difícil. Quizá más que para mí. Y sé que no seré yo a quién se lo digas... pero solo quisiera poder saber de ti.
Siempre voy a querer saber de ti.

Daría lo que fuera por ser la persona que te reconforta y te alivia, y no la que seguramente te está causando dolor.

Te amo demasiado.
Te extraño demasiado.
Solo puedo desearte lo mejor desde la distancia.


Atte, completamente tuya
Tachy.

martes, 4 de marzo de 2025

Al amor de mi vida... Gab

Alguna vez me dijiste que había escrito cosas muy bonitas sobre otras personas. No me lo dijiste entonces, pero pude ver cómo te hizo pensar que no me sentía así por ti.
Quisiera desmentir eso hoy.

Tiendo a ser misteriosa y no dejar claro sobre quién escribo, al fin y al cabo no lo hago para que esa persona se entere, lo hago para desahogarme, expresarme, sacar todas las cosas que por diversos motivos no pude decir en voz alta o a la cara.
Pero tú, tú mereces que le grite al mundo entero tu nombre.

Gabriel... Gabo, amor mío.
Me parte el corazón y el alma estar escribiendo estas palabras bajo estas circunstancias.
Tengo tantas cosas qué decirte y al mismo tiempo no se me ocurre nada que no te haya dicho ya.

Será lo más básico pero también la verdad más real en mi vida ahora mismo... pero me gustaría empezar diciéndote que te amo. Te amo inconmensurablemente. Te adoro, me encantas, siempre ha sido así.
También quisiera decirte la más triste de mis verdades: Te extraño. Te extraño tanto que duele respirar.
Te extraño en cada mínima acción que llevo a cabo, te extraño en las cosas que sigo encontrando en mi casa que me recuerdan a ti, te extraño en la soledad de mis chats vacíos, te extraño en el silencio entre nosotros.

Me muero por un abrazo tuyo, de esos que me hacían sentir completa y segura. Me muero por una noche a tu lado, solo escuchándote respirar (y, siendo honesta, escucharte roncar también). Me muero por pasar una mañana, una tarde, una noche como tantas veces lo hicimos, riéndonos y siendo estúpidamente felices. Me muero por un beso tuyo, tierno, apasionado y lleno de amor. Me muero por sentir tu piel, cálida y suave al lado de la mía. Me muero por ti.

Sé que suena exagerado y tal vez lo sea, pero te puedo asegurar que me siento morir un poco más cada vez que deseo estar a tu lado y no lo estoy. Lo siento en mi piel, en mi garganta, en mi pecho, en mis rodillas, siento cómo duele en cada parte de mi cuerpo no poder tocarte.
Ni siquiera recuerdo si alguna vez en la vida me sentí tan profundamente agarrotada del dolor y la tristeza. Puede que sí, pero está vez se siente diferente.

Sé siente diferente porque si alguna vez sufrí tanto, no era consciente de ello.
En cambio, hoy, soy demasiado anuente de todas las emociones que me obligan a sentir tu perdida.
Sentir el vacío, la soledad, la tristeza, la culpa, el dolor. Todo al mismo tiempo, me destruye por dentro.

No quiero hacer esto sobre mí, como tiendo a hacerlo. Solo es inevitable hablar de ti sin decir lo mucho que duele cada parte de mi ser que anhela estar contigo y tener que vivir con la decepción.

Quiero decirte, que por mucho que me destruya, lo entiendo.
Entiendo que te estás escogiendo a ti, que te estás protegiendo y jamás podría culparte por eso.
Y mucho menos cuando yo soy la causa de tu dolor.
Sé que me has dicho miles de veces que no quieres que me disculpe, pero igual quisiera decírtelo nuevamente: lamento infinitamente haberte lastimado.
Jamás fue mi intención, pero igualmente lo hice y no tengo cara para mostrar luego de haber dañado tan profundamente tu confianza.

Quisiera arreglarlo, créeme que daría lo que fuera por tomar tu corazón y armarlo pieza por pieza, ponerlo todo de nuevo en su lugar. Sin importar cuánto tiempo me tome, cuánto me corte las manos con las puntas rotas.
Sé que la persona que te lastimo, no es la misma que te va a curar, pero quisiera dejarlo todo de mí por al menos intentarlo.
Porque tú lo mereces y yo te de lo debo.

Te lo debo por hacerte sentir que no te estaba poniendo cómo prioridad. Te lo debo por hacerte sentir mal cuando me permití a mí misma confundirme con ideas vacías que alguien más me intentó vender. Te lo debo por hacerte daño con mi lejanía cuando más me necesitabas. Te lo debo por hacerte sentir que no te escuchaba por estar tan preocupada en tener la razón y el control de todo. Te lo debo por sembrar la duda en tu cabeza de qué éramos muy diferentes para estar juntos. Te lo debo por tomar todo tu amor y no aferrarme a él.

Tengo una gran responsabilidad en todo esto y quisiera poder adjudicarmela y solucionarlo. Quisiera poder borrar todo lo que te hizo rendirte y cambiarlo por esperanza. Quiero llenarte de amor, toda la vida si fuera posible. Quiero entregarlo todo... a ti.

Sé que para ti, no es así.
Sé que estás cansado, agotado, decepcionado. Sé que te rendiste.
Me has dicho de tantas formas que no quieres intentarlo que solo recordarlo duele.
Sé que una vez que tu puerta se cierre, se cerrará para siempre y me aterra que llegue ese momento, porque lo siento demasiado cerca.
Siento cómo cada vez te alejas más y más de mí.
También sé que eso es mi culpa.
Te presioné, te insití tanto en estar juntos y darnos otra oportunidad que te agobié y te abrumé y solo te empujé más lejos.

Espero perdones a una tonta desesperada por intentar no perder lo más bonito y real que ha tenido jamás.
Y suena absurdo que eso sea verdad cuando yo soy la principal causa de que esto esté pasando, cuándo yo ocasioné la mayoría de los problemas que nos llevaron hasta aquí.
Lo siento por creer que podía con todo. Lo siento por tener una muralla enorme a mí alrededor que no me dejaba ver lo mucho que me estabas dando. Lo siento por no haber entendido esto a tiempo.

Quisiera creer que lo mucho que nos amamos es más fuerte que mi idiotez. Quisiera creer que lo que construimos es más real que lo que logramos ver ahora mismo. Quisiera creer que incluso, a pesar de estar en este punto crítico, aún hay esperanza. 
Pero lo cierto es que no lo sé.

Y aunque lo supiera, no puedo pasar por encima de tus deseos, de tu sentir, de tu dolor, de tus decisiones.
He sido lo suficientemente egoísta contigo, no puedo seguirlo siendo.
Por más que lo deseo y sepa en mi corazón que podríamos lograrlo, no puedo aferrarme a ti.

Ya lo he hecho lo suficientemente doloroso para los dos, no puedo permitir seguir siendo la causante de tu herida.
Así que, con todo lo que duele, te dejo libre.
Libre de presiones, libre de mis llantos, libre de mis insistencias, libre de mis deseos.

Eres libre.
Y lo único que quisiera es que esa libertad, en algún momento, de alguna forma, te lleve de vuelta a mí. Aunque eso sea solo un anhelo desesperado de mi corazón, que se rehusa a dejarte.
Pero más allá de mi egoísmo, espero que encuentres paz.
Espero que te sientas mejor, espero que sanes todas tus heridas, principalmente las que yo ocasioné.

Quisiera que encontraras la forma de confiar en mí. Quisiera que encontraras en ti la opción de cambiar de decisión. Quisiera que encontraras en ti cualquier atisbo de todo lo bonito que fuimos y te aferres a ello.

Sé que piensas que las personas no cambian y que te estoy diciendo todo esto porque te perdí y ahora veo el valor de tu presencia en mi vida. Lo cierto es que siempre lo vi. Tengo al menos diez diferentes escritos que nunca viste dónde constantemente lo menciono. Siempre te escogí a ti.
Quizá no fue en las mejores circunstancias, y lo siento por eso. Pero siempre te escogí a ti. Siempre has sido solo tú. Y si debo cambiar, lo haré aunque no estés para verlo. Por ti, pero también por mí.

Quisiera haber visto antes todas las falencias que aún tengo por mejorar, para así haberlas podido trabajar contigo y no haber tenido que llegar a este punto.
Ahora no puedo hacer más que hacerlo sola y convertirme en una mejor versión de mí, una que sea digna de tu perdón y tu confianza nuevamente. 

Sé que probablemente no pase. Sé que no eres de ese tipo de personas. Aunque sea un deseo que no muere, sé también que es una posibilidad muy improbable.
Pero también sé que si te quieres mantener alejado, es porque me sigues viendo con amor.
Porque sé que me amas. Sé que siempre me viste para una relación completa y duradera. Y de verdad quiero pensar que eso pesa y vale más que todos los errores humanos que podamos tener.
Porque yo quiero lo mismo. Contigo.
Ya te lo dije: eres la meta.

Quizá solo es mi cabeza delirante que no puede soltar la idea, pero es que es difícil cuando solo recuerdo constantemente todo lo que vivimos: las escapadas de medianoche, las interminables charlas y chismes, la forma en la que nos besabamos, la pasión y deseo que casi nunca controlabamos, las borracheras juntos, las cenas en casa, las noches de películas y series, los helados compartidos, la emoción que sentimos por los logros del otro, la coquetería y las toqueteos a escondidas, las risas por tus chistes malos, la adrenalina que sentimos en la feria, los planes a futuro que hicimos, las caricias en la cama, las noches que dormimos juntos, el viaje a tu ciudad, año nuevo a tu lado y con tu familia, tu cumpleaños y tu fiesta, las miles de veces que nos amamos hasta el alma, tu piel en contraste con la mía, todas las veces que me cuidaste, las nuevas experiencias que me hiciste vivir, el sexo desenfrenado y excitante, las veces que te cuidaba la cara, los masajes, tu paciencia conmigo, cuando me ayudaste con mi entrada a la universidad, tus impulsos de compras impulsivas, tus consejos útiles, todo el amor que sé que nos tenemos...

Podría seguir eternamente porque son tantos los momentos de puro y completo amor, que estoy segura que se me olvidan la mayoría.
Y precisamente por tener ese amor tan presente es que los problemas que existen no se ven tan imposibles. 
¿Cómo pueden dos personas amarse tanto al punto que nos amamos tu y yo, y no poder solucionarlo?
¿Cómo le explico a mi corazón que tiene que tragarse todo ese amor y seguir como si nada?

No estoy tratando de romantizar nada, sé que las razones por las que llegamos a terminar son importantes y complejas. No las minizo ni las ignoro. Simplemente no puedo evitar verlas cómo puntos a mejorar y trabajar porque todo lo bueno pesa muchísimo más.
Al menos, para mí.

Quisiera que cambiaras de opinión.
Pero estoy intentando aceptar que no es así.
Es de lo más difícil que he hecho en la vida.

Duele en cada célula de mi ser. Duele al punto que no veo cómo puedo seguir después de ti.
Te lo dije: me voy a pasar la vida entera intentando superarte.

Pensé que era fuerte, pensé que era madura y que lo sabía todo.
Resulta que solo soy una estúpida enamorada de ti. No voy a decir que nunca antes había amado, porque sería mentir, pero eres el primer amor real y completo que experimento en la vida y estoy tan enojada conmigo misma por haberlo saboteado.
Por pensar que no te merecía, nos rompí.

Quisiera cambiar las cosas. Y lo voy a hacer, pero me encantaría hacerlo a tu lado.
No me imagino mejorar y que no seas tú quién pueda tener lo mejor de mí.
Quiero todo contigo: lo bueno y lo malo, lo divertido y lo difícil.

Soltar esa idea... no sé si es algo que pueda lograr, si te soy honesta, y por eso fui tan persistente en tratar de convencerte.
Lo siento por cruzar tus límites en un punto dónde sencillamente no puedes hacer nada más.

Pero debes saber, que siempre voy a estar aquí.
En cualquier momento, en cualquier situación, estoy aquí para ti, para lo que necesites, para una charla, para una risa, para un amor.
Cuentas con mi disposición incondicional y espero nunca se te olvide y quizá, un día lo tomes...

Te amo demasiado.
Te amo más de lo que creí posible amar a alguien.
Me diste todo en un período tan corto de tiempo que siento que llevo toda la vida contigo.
Quisiera que fuera todo lo que nos quede de vida.

No me va a alcanzar la vida para agradecerte por tanto.


Atte, completamente tuya
Tachy.