domingo, 27 de abril de 2025

Espiral

Creo que al fin lo entendí.

Es curioso porque no es que no lo supiera antes, simplemente mi mente no lograba comprenderlo del todo. Creo que ya lo veo con claridad.

No vas a volver.
Te destruí. Dañé tu confianza. Rompí tus ilusiones. Acabé contigo y con nosotros.

Lo entiendo.
Da igual que no haya sido mi intención, lo hice.
Da igual que te haya amado, te lastimé.
Da igual que quisiera arreglarlo, ya estaba hecho pedazos.

Y no hay nada que yo pueda decir o hacer para hacerte ver que lo veo, que lo entiendo, que lo siento y que de verdad quería arreglarlo.
Sencillamente, el daño está hecho, tú te rendiste y yo debo pagar el precio.

Es curioso entenderlo porque por un lado, duele, pero por otro lado es liberador.

Llevo meses sufriendo, sintiéndome culpable, intentando entender tu mente y tus sentimientos no dichos, tratando de demostrar que mis palabras e intenciones son verdaderas, tratando de decirte de mil formas que te amo, aceptando tu indiferencia como mi castigo, rogando por tu atención y tu tiempo, planeando imposibles y fantaseando con finales felices.
Llevo meses haciéndote el centro de mi vida, tratando de compensar el momento en el que no lo hice, humillándome y justificándolo con que es lo que debo hacer porque yo fui la que te falló.
Llevo meses en una agonía sin fin y me tomó quince segundos ver tu cara llena de frustración y fastidio para entender que se acabó.

De nuevo, no es que no lo supiera. Es que yo, estúpidamente, no quería creer que era cierto.

Traté de justificar tus rechazos e indiferencias con que solo te estabas protegiendo y cuidando. Con la verdad indiscutible de que te lastimé y no me debes nada. 
Y aunque eso, hasta cierto punto, es cierto, la verdad es que también me has hecho daño.

Cada vez que no me dejabas expresarme. Cada vez que me negaste una respuesta. Cada vez que pasaste a mi lado como si yo no existiera. Cada vez que accedías a pasar tiempo conmigo, me tratabas bonito y luego me apartabas como si fuera venenosa. Cada vez que te negaste a tener una conversación. Cada vez que decías comentarios con doble sentido, disparando a matar pero disfrazandolo de broma. Cada vez que tus acciones y tus palabras no iban de la mano y me generaban confusión. Cada vez que no te mantuviste alejado como dijiste que lo harías. Cada vez que tu condescendencia me miró hacia abajo cuando yo solo intentaba ser honesta contigo. Cada vez que se te escaparon palabras de amor y luego prentedías no haber dicho nada.
Incluso anoche, mientras me ayudabas, me lastimaste haciéndome sentir como si yo fuera un problema del que te tenías que hacer cargo, un estorbo.

Soy consciente de que es posible que muchas de esas heridas hayan sido más percepción mía que una realidad tuya.
Soy consciente de que lo más probable es que tú no estés sintiendo o siquiera te hayas sentado a considerar el alcance de todas y cada una de tus palabras y acciones en mi vida.
Soy consciente de que, al igual que yo, tampoco ha sido tu intención lastimarme.
Soy consciente de que tal vez no te hayas sentado a pensar y procesar todo lo que sucedió.

Y, de nuevo, todo eso puede ser cierto, y aún así no dejan de ser excusas que busco para justificar tu falta de responsabilidad afectiva conmigo estos últimos meses. Que sean verdad no cambia que me has hecho daño. Que puede que sea verdad no significa que no me has dejado sobrepensando y analizando cada palabra y acción sin ninguna explicación real. Que mi asunción sobre lo que estás viviendo, pensando y sintiendo tú, tal vez sea correcta, no significa que no me hayas dejado desgastandome mental y emocionalmente por ti. Y que lo sabes.

Oh, claro lo sabes.
Eres demasiado inteligente para poder justificarte con la ignorancia de que nunca se te haya cruzado por la cabeza el irrefutable hecho de que yo me he desvivido con todo esto.
En los temas emocionales no tendrás maestría, pero no eres ningun idiota que no puede entender todo lo que literalmente te he dicho.
No hace ni dos semanas te estaba recordando fervientemente lo mucho que te amo y pidiéndote que vuelvas. No puedes no entender las palabras claras y consisas que te he dicho a la cara.

Así que por más que sigo buscando excusas para ti constantemente, ya no puedo pensar que no hay una parte de ti que sabe perfectamente el daño que causas. Y que eso no te importe, dice demasiado.

Sí, no somos nada, no tienes porque hablar conmigo si no quieres y no hay nada que te ate a mí. Sí.
Pero tampoco creo que eso justique tratar a una persona que por meses fue todo para ti, que está intentando amarte y ser honesta contigo, como si no valiera nada, como si no mereciera ni siquiera una mirada. Y mucho menos cuando tú voluntariamente accedes a estar en espacios compartidos.
No puedes ser tan cínico de pensar que nada de eso importa o afecta.
No puedes pretender que no pasa nada.

Lo más frustrante de todo esto, es que siquiera pensar en decirte todo eso es peor porque solo imagino las muchas excusas que pondrías, lo mucho que sería yo la loca insistente y fastidiosa que no sabe soltar, que no supera y que te agobia. Te has encargado de que no haya una sola forma en la que yo pueda sentir y expresarme contigo sin quedar yo como una completa irracional; de alguna forma me has hecho creer que no tengo derecho a decir o hacer nada porque todo cruza tus límites y si cruzo tus límites soy la mala, pero tampoco cumples tu palabra.
Sigues ahí. Sigues permitiendo esto. Sigues perpetuando la tortura que ambos dijimos que no queríamos.

En este momento, por doloroso que sea, casi hubiese preferido que cumplieras todo lo que alguna vez dijiste que harías. Casi habría sido mejor no volver a hablar o vernos. Casi.

Te amo pero no creo que pueda soportarlo más.
No creo que mi ser, mi cuerpo, mi alma y mi mente sigan aguantando tu maltrato disfrazado de indiferencia y con la excusa de que no hay ningún compromiso.
No puedes terminar un vínculo tan real y profundo y no tener una responsabilidad en cómo se termina.

Estoy agotada.
No puedo hacer promesas ahora porque lo cierto que es estoy dolida y no estoy en ninguna posición de hacer afirmaciones sin acabar tragándome mis palabras.
Pero lo cierto es que siento que estoy llegando a un punto de no retorno y no sé que pueda suceder.
No me siento con la fuerza de alejarte y dejar todo esto atrás.
Pero tampoco me siento con la fuerza de soportar una sola acción más de tu parte que acabe humillándome y destruyendome.

Quiero quitarte el poder de hacerme tanto daño.
Te he protegido a capa y espada todo este tiempo, pero ya no tengo cómo pensar que, quizá, lo estás haciendo sabiendo perfectamente el dolor que generas.

Quise creer que solo estabas confundido, dolido y afectado.
Quise creer que jamás me herirías a propósito.
Quise creer que eras el caballero más correcto que he conocido.
Quise creer que todo tenía un transfondo y una razón de ser.
Incluso quise creer que lo merecía como castigo por mis acciones.

Pero se me acabaron las excusas para tus acciones.
Aún quiero pensar que no es intencional y que todo esto es mi culpa por permitirlo, porque claro que también lo he permitido y esa es mi responsabilidad, entiendo que yo no he sabido soltarte y sigo volviendo una y otra vez y por eso, no puedo adjudicarte todo el peso. Aún quiero creer que te puedo redimir.
Pero ya no puedo convencer a mi mente de que todo es tan honesto y sincero como alguna vez pensé que era.
Lo cierto, es que siento que ya no te conozco.

Ya no eres ese hombre que hubiese dado lo que fuera por mí.
Y por mucho que entiendo que tengo una responsabilidad enorme en que ya no sea así, ya no puedo fingir que tú no tienes también una responsabilidad en tus acciones y que tú también hiciste y dijiste muchas cosas que nos llevaron a este punto. 

Yo no fui perfecta, tú no fuiste percecto, no eramos perfectos. Pero nos amabamos.
Y de verdad quiero pensar que eso pesa más. Pero no puedo seguir usando mis buenos recuerdos de todo el amor que compartimos en su momento para pasar por alto la realidad de que ya no te importa... de que ya no te importo yo.

Oh, lo que es sentarme a llorar mirándome al espejo, insultándome, buscando sentir pena de mí misma, extrañándote, preguntándome porqué, recordando todo lo que hice mal, arrepintiendome, queriendo poder odiarte, haciendo planes para por fin soltar la idea de ti, pensando en tu indiferencia, recordando los momentos juntos, considerando que tal vez vernos una vez más no estaría mal, diciéndome a mí misma que ya es hora de seguir, cuestionarme qué estás haciendo y si todos tus planes se te están dando, reprimir el deseo de correr a abrazarte y besarte, tratando de convencerme a mí misma de que tal vez todavía me quieres.

Tus abrazos.
Creo que eso es lo que más extraño.
Tus abrazos que siempre me hicieron sentir segura, en calma... siempre me diste paz.
Debo decir que a veces me torturo a mí misma pensando si acaso yo logré transmitir el mismo sentimiento hacía ti y llegando a la conclusión de que lo más seguro es que no.

Todo esto es una espiral.
Y como dije, estoy cansada, agotada y no puedo tomar decisiones ahora mismo. Solo sé que ya no creo poder aguantar mucho más.
En parte, ya ni siquiera estoy segura de si quiero que cambies de opinión y aparezcas en mi puerta, por mucho que fantasee con la idea. Ya no estoy segura de si podría recibirte con los brazos abiertos y sin dudar ni un segundo.
Ya no estoy segura de que eso sea lo correcto.
Ya no sé nada.

Todo mi sistema de creencias, valores y mi sentimiento de identidad han quedado destruidos. Solo estoy sentada mirando las piezas rotas y tratando de hayar un sentido para empezar a reconstruirlas.
¿Cómo es que a pesar de no saber quién soy yo, igual sé que me importas? No tengo idea.
Y es ese mismo apego el que no me deja avanzar.
Sé que debo seguir, sé que debo soltar, sé que debo renunciar.
Sencillamente no sé cómo... todavía.
Espero averiguarlo pronto, por mi propia salud mental.
Y a pesar de todo, te sigo queriendo y te sigo deseando lo mejor. Quisiera tener el placer de un día saber que lo lograste.

Soy una estúpida, eso es lo único seguro.


Atte,
Tachy.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario