sábado, 26 de octubre de 2019

Es hora

He tomado la decisión de que es hora de hablar.

Sé que mi vida es totalmente irrelevante para prácticamente todo el mundo y sé que si alguien llega a leer esto probablemente solo sea algo de momento y luego sea olvidado. No espero más, sin embargo, hago esto por mí, no para que a nadie le importe.

Llevo escribiendo mucho tiempo, siempre he contado pensamientos o experiencias que he tenido y mi punto de vista al respecto o algún mensaje que en ese momento considere que podría importarle a alguien. Pero esta vez lo hago porque necesito desahogarme, realmente necesito sacar todo lo que llevo pesado en el corazón. Así que, si intencionalmente o no estas leyendo esto: No, no es un consejo, no es un mensaje, no es una experiencia de vida. Soy yo.


.


Hace un año mi vida era un total desastre. Estaba delgada, demasiado, recuerdo que los huesos de la espalda y hombros se me marcaban demasiado, mi cara se veía pálida y con la piel terriblemente estirada, tenía una ojeras que ni con maquillaje se podían ocultar, la ropa me quedaba suelta y parecía un muerto andante. Era horrible.
Hace un año exactamente estaba en casa, tratando de meter los recuerdos de toda mi vida en tres maletas demasiado pequeñas para ser suficientes. Hace un año me estaba despidiendo de muchas de las personas más importantes de mi vida. Hace un año mi vida se fue al traste.

Es difícil explicar como se llega a ese punto de quiebra cuando tienes tan solo 18 años, pero pasa. Pasa cuando cometes errores. Errores de esos de los que te arrepientes toda la vida y simplemente no tienes manera de arreglar. Es mi culpa, yo lo sé. Hice cosas que me llevaron a ese precipicio y por mucho tiempo me sentía mal por quejarme, cuando había sido mi culpa, pero igual lo hacía porque me sentía mal. Aún lo hago, si soy honesta.
Muchas de las cosas que pasaron no fueron intencionales. No tenía ni la más remota idea de lo que mis acciones podían desencadenar y solo actué por instinto. Otras cosas sí las hice sabiendo que estaba mal, por eso no me puedo excusar.
Suena muy dramático pero es en serio cuando digo que perdí todo. Incluso lo que no llegue a tener.

No voy a entrar en detalles, solo puedo decir que de verdad que toque fondo. Cuando llegas a ese punto, tienes dos opciones: O, te hundes y dejas que toda la miseria de tu vida te arrastre; O, tomas todo ese dolor, esa perdida, ese enojo y lo conviertes en tu bastón para levantarte y superarlo y seguir adelante.

Yo tome la segunda opción.
Así como mis problemas habían rayado el límite de lo soportable, hice un cambio drástico en toda mi vida, en cada uno de sus aspectos. Y es que en serio detallarlo lo haría sentir más intenso, pero no es necesario, simplemente todo cambio. 

No sé como lo hice, no sé de donde saque fuerza porque les juro que no la tenía y me levante y empecé a hacer todo malditamente bien. Me rete a mí misma a que, si no podía cambiar lo que había pasado, iba a cambiar lo que pasaría de ahí en adelante, que no me iba a dejar llevar por la mala situación a un punto de no retorno porque quería mucho más para mi vida.

Hice tres promesas, a tres personas diferentes.
La primera, a mí misma, un cambio total del ritmo de vida que estaba llevando, empezar a trabajar en mí, emocional, física y psicológicamente.
La segunda, a mi mamá, demostrarle que todo lo que hice que le afecto y le dolió iba a mejorar, porque yo podía ser mejor y ser su princesa rosada.
La tercera, a la persona más especial de mi vida, que ya no está... a esa persona le prometí que su perdida iba a valer la pena. 

Y cada día desde hace un año, no he parado de hacer otra cosa. He tratado de cumplir cada promesa al pie de la letra, día a día por mucho que ha costado. Cada día he luchado contra todo y todos para superar ese pasado y ser mi mejor versión para mí y para todos. Lo he logrado.

No sé como explicar que en un año he hecho más que en toda mi vida, no sé como lo hice ni sé como es que ya llevo un año en esto. No sé de donde viene la fuerza, no sé como lo hago, pero debo decir que lo he hecho, lo sigo haciendo y lo seguiré haciendo hasta que pueda llegar al punto en el que me siento totalmente satisfecha con mi vida y su curso.
Ha sido difícil, he llorado, he gritado, me he arrepentido, he sufrido.
Muchas veces he querido renunciar, simplemente dejar de intentarlo, porque duele, porque cansa, porque pesa, porque afrontar las consecuencias de tus acciones y reponerlas no es fácil. Tirar la toalla es muy fácil y por eso sigo aquí, dando la guerra, porque no quiero ser tan fácil de derrumbar.

Y hasta aquí, esto parece una increíble historia de superación personal y hasta podrían pensar que soy un ejemplo.

Pero si estoy sentada escribiendo esto, no es por nada de eso. Es porque cuando dije que tome la segunda opción fue cierto, pero también tome la primera. 
Al principio no me di cuenta, con todas las ganas que tenía de hacer las cosas bien y estar bien no me di cuenta que lo que hice fue olvidarme de como me sentía, dejarlo arrinconado en un rincón de mi mente y corazón para poder hacer tranquila la tarea que tenía por delante. Al principio funciono.

Luego no tanto.
Poco a poco empecé a tener ataques de ansiedad, las pocas veces que me permitía pensar o sentir me atacaba todo y empezaba a divagar demasiado sobre mi pasado, presente y futuro. Muchas personas, muchas veces tuvieron que repetirme que mantuviera la calma, que todo se iba a solucionar. Esto era algo ocasional, no parecía más importante que preocupaciones o miedo por lo que estaba haciendo. 

Luego comenzó la depresión.
Empecé a llorar sin motivo aparente en momentos y lugares que no tenía porqué. Empecé a sentirme sola todo el tiempo. Hablaba con personas y trataba de llamar su atención de diferentes maneras solo para quitarme esa sensación pero nunca se fue. Empecé a preocuparme por no sentirme llena con nada, las cosas buenas ya no se veían buenas. Todo se veía negro por momentos, luego me volvía a ocupar y me olvidaba de eso.

Tengo que hacer la aclaración, que hasta este punto, yo no entendía que estaba reprimiendo emociones. De verdad pensé que solo era parte del proceso.

Mi claridad llego cuando empecé a tener pensamientos más preocupantes, más profundos. Mi sentimiento de soledad me llevo a querer llamar la atención, como ya comenté y por algún motivo algo retorcido en mi mente consideraba que una opción para hacerlo era intentando suicidarme.
Algo curioso es que, si soy honesta, no, no me quiero suicidar, de verdad que por muy dura que sea la vida, me gusta poder estar aquí. Solo pensé que si podía intentarlo sin lograrlo, me prestarían atención, y tendría lo que sentía que necesitaba.
Claro, en ese momento no procese el riesgo real de hacer algo como eso.

Fue un pensamiento banal, nunca hice nada, y al final quedo guardado como otro episodio de depresión repentina.

Hasta que un día le conté a alguien una de mis muchas crisis repentinas y, por primera vez, esta persona en lugar de darme palabras de aliento, me dijo que tenía que dejar mis ataques de ansiedad, que estaba harta de escucharme quejarme por cosas que no debían afectarme. Al inicio me enoje, yo solo buscaba sentirme mejor. Y aunque sus palabras no fueron muy reflexivas, sí me dejaron pensando.

Por primera vez en un año me senté a pensar y sentir todo lo que llevaba reprimiendo, me senté a analizar como estaba con respecto a todo lo que me había pasado y que estaba haciendo para sanar esas heridas. Me di cuenta que estuve ignorándolas tanto tiempo que estaban mucho peor que al inicio. Me di cuenta de que todo el proceso que había hecho para mejorar mi vida entera de nada servía si no me tomaba la molestia de arreglarme yo. Yo necesitaba sanar. Necesito sanar.

Esto fue hace unos días. Fue difícil entender y aceptar esto, luego de estar totalmente segura de que ya estaba mejor. Fue difícil entender que necesito ayuda, que no puedo con el peso de todo sola. Fue difícil tener que retroceder en un proceso que llevaba tan avanzado. 

Y ahora, que se ha cumplido exactamente un año desde que esta historia inició, me siento en la necesidad de soltarlo. Necesito sacar esto. Porque pesa mucho. Porque no estoy bien.
He cargado con tantas cosas sola, que simplemente estoy al borde del colapso.
No me malentiendan, muchas personas hermosas me han ayudado y apoyado durante todo este proceso y estaré siempre infinitamente en deuda y agradecida. Solo que precisamente por estar tan dañada, ni siquiera eso me hace estar tranquila.

Necesito sacarlo, necesito dejar ir muchas cosas, necesito sanar.
Así que, posiblemente esta será la última vez que escriba algo por algún tiempo.

Cuando inicié con esto del blog, quería transmitir un bonito mensaje, quería que mis experiencias pudieran ayudar a alguien que lo necesitará. Ahora no soy la persona apta para sentarse a escribir mensajes esperanzadores, así que, hasta que no esté bien, no quiero volver para contarles alguna otra cosa triste y depresiva.
Quiero que cuando vuelva, pueda reflejar lo que siempre he querido, pueda reflejar quien soy en realidad, quiero ayudar, pero no puedo hacerlo si no me ayudo primero.

Así que, escribo esto para desahogarme y para poder iniciar un proceso real de mejora. 
Sé que no soy importante ni nada de eso, de por sí, pocos leen estos posts, pero sé que de alguna u otra forma ha sido mi manera de expresarme y que muchos me conocen por las palabras puestas aquí. Y por eso soy honesta.

Si llegaron a leer hasta aquí, no se preocupen, estoy bien o al menos lo estaré, y gracias.

Infinitas gracias.


.


Atte: Tachy.

viernes, 18 de octubre de 2019

Cansada

Estoy tan cansada, que ni siquiera quiero esmerarme en explicar porqué. 

Buenas noches.


.


Atte: Tachy.