¿Cómo pasamos de estar todos los días juntos, cocinando, hablando, durmiendo, compartiendo nuestro tiempo a no vernos para nada?
¿Cómo te mantienes alejado, sin decir una palabra, como si todo el tiempo que pasamos juntos no hubiese existido? ¿Cómo es que parece que fue tan fácil para ti alejarte de mí?
Me dijiste que no tenía que entender algo para aceptarlo, pero, ¿Cómo aceptas algo que no tiene sentido?
¿Cómo puedes dejar atrás a la persona que amas sin siquiera voltear a ver?
De verdad no lo entiendo.
Te extraño.
Cada fibra de mi cuerpo me grita que salga corriendo hacia a ti, que te abrace, que te bese, que me aferre a ti para siempre y no te suelte nunca.
Detener ese impulso ha sido realmente difícil. La única razón que me mantiene en mi lugar es lo mucho que te amo. Porque sé que odiarías que hiciese algo así y estoy intentando no ser egoísta.
No me había dado cuenta de lo acostumbrada que estoy a serlo. Y quisiera poder decir que es porque soy así, pero lo cierto es que ni siquiera lo sabía, no sabía que tanto estaba pasando por encima de los demás, y no sabes lo mucho que me arrepiento haberte hecho pasar por eso.
Quisiera que pudieras tener la certeza de que ahora lo sé y no lo volvería a hacer jamás, y que solo quiero arreglar las cosas.
Alguna vez te lo dije... no quiero que mi egoísmo sea más grande que mi amor por ti.
Trato de seguir esa línea.
Pero, maldita sea, tengo que desahogarme y decir lo difícil que es. No sé cómo puedes mantenerte en tu raciocinio con todo esto, yo siento que pierdo la cabeza cada día. Es horrible querer algo tan desesperadamente y solo poder sentarse a recordarlo.
Me duele la garganta de lo mucho que quiero gritar y llorar.
Odio esta situación, odio no estar contigo, odio sentirme sola, odio haberte lastimado, odio la distancia, odio el vacío en mi pecho, odio todas las estúpidas cosas que constantemente me recuerdan a ti.
Estás en todas partes.
Estás en el lado vacío de mi cama. Estás en mi cocina cada que entro. Estás en el cepillo de dientes de mi baño. Estás en la nota que me escribiste y puse en mi billetera. Estás en las cosas que me dejaste. Estás en los lugares en los que compartimos. Estás en mi escritorio. Estás en la toalla que usaste. Estás en las sábanas que no he podido quitar. Estás en los jabones que te compré. Estás en las ligas para el pelo que me diste. Estás en los chocolates que aún no he podido comer. Estás en los zapatos sucios luego de ese día en la feria. Estás en Moccacino. Estás mi computadora. Estás en mis tareas de matemáticas. Estás en la serie que no quiero ver sin ti. Estás en cada parte de mi cuerpo que tocaste. Estás en el maldito aire que respiro.
Duele respirar sin ti.
Duele extrañarte, duele querer acariciarte la cara, duele querer besarte, duele desearte, duele cada uno de los metros que nos separan, duele la distancia con la que me hablas, duele que hiciste todo lo posible para no volver a saber de mí.
Duele querer estar a tu lado.
Estoy devastada.
Y no estoy segura de si alguna vez volveré a estar del todo bien.
En este punto, solo deseo saber de ti.
Solo quiero saber que estás bien.
Sé que para ti todo esto también debe ser terriblemente difícil. Quizá más que para mí. Y sé que no seré yo a quién se lo digas... pero solo quisiera poder saber de ti.
Siempre voy a querer saber de ti.
Daría lo que fuera por ser la persona que te reconforta y te alivia, y no la que seguramente te está causando dolor.
Te amo demasiado.
Te extraño demasiado.
Solo puedo desearte lo mejor desde la distancia.
Atte, completamente tuya
Tachy.
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