Me pregunto si te da una picada en el corazón cuando pasas por un lugar en el que fuimos a comer, o si alguna de las cosas que alguna vez compartimos te recuerda automáticamente a mí y te sientes solo o me extrañas.
Me pregunto constantemente si me extrañas.
Quiero pensar que sí.
Quiero pensar que te importo.
Quiero pensar que existe una parte de ti que anhela tanto estar conmigo como yo contigo.
Quiero pensar que me piensas.
Quiero pensar que todavía me amas.
Pero esas ideas solo lastiman. Son una mentira, una ilusión. Es mi cabeza negándose a aceptar que ya no estás aquí.
Ni siquiera estoy muy segura de porqué escribo esto. Sé que nunca lo vas a leer. Y no quiero repetir todo lo que ya he dicho anteriormente porque de nada sirve.
Solo me pesa tanto el corazón, que no sé qué hacer con todo este dolor, más que llorar y escribirte cartas que nunca vas a ver.
Lo cierto que es no entiendo muchas cosas.
No entiendo tus muchos comentarios ambiguos, en especial en esa última conversación. No sé si es que soy yo queriendo leer entre líneas palabras que no existen, pero constantemente tengo el presentimiento de que hay un montón de cosas que no me dices claramente, pero tampoco intentas explicarlas cuando pregunto.
Ya no sé si puedo soportar escuchar otra vez que no quieres saber nada mí, sin acabar volviéndome loca en el proceso.
Quisiera entenderte. Quisiera que me explicaras.
Tengo la horrible certeza de que si te abrieras a mí, la situación sería muy diferente. Entiendo que no quieras hacerlo, entiendo que no quieres ser vulnerable ante mí, entiendo que te estás protegiendo. Solo es terriblemente frustrante.
Sé que ya no hay nada qué hacer.
Al menos, no de mi parte.
He estado desde el día uno intentando con todo mi ser estar aquí, trabajar en mí, arreglar las cosas, rogándote incansablemente para que al menos consideres trabajar en esto conmigo. Ya no puedo hacer nada más.
También sé que pedirte algo es demasiado. Pedirte que siquiera me escuches ya cruza los límites. Lo sé.
Pero no deja de doler ni un solo momento que nada de lo que te brindé durante nuestro tiempos juntos, ni de lo que he hecho estas últimas semanas por reconocer mi error, pedir perdón y querer arreglarlo, valga ni un poquito para ti... para al menos abrirte y ser transparente conmigo.
Ya ni siquiera espero que aceptes intentarlo, solo duele ese trato hacía mí, como si fuera lo peor que te ha pasado en la vida.
Como si todo el amor que te di, que te tengo, no valiera nada.
Eso, es quizá lo que más duele.
Y aunque quiero estar molesta y ofendida contigo (y sé que lo estoy), aún así te extraño.
Aún así, todo lo bueno sigue pesando mucho más.
Aún así, entiendo y no te culpo ni te juzgo.
Aún así, te amo.
¿Cómo podría no amarte solo porque te escoges a ti mismo?
En cualquier caso, me siento orgullosa de que lo hagas. Sé que no es fácil para ti, sé que tiendes a querer hacer a todos felices.
Aunque sea a mí costa, estoy feliz por ti.
No puedo hacer más que llorar, extrañarte, aprender a vivir sin ti, entender la lección en todo esto y desearte lo mejor.
Aunque eso no sea conmigo, aparentemente.
Quiero matar las fantasías e ilusiones de que tal vez un día volverás, sencillamente porque no puedo aguantar el dolor que provoca la decepción.
Duele demasiado amarte tanto, esperar tanto y solo quedarme sentada viendo como la vida pasa.
Mi puertá seguirá abierta. Puedes tocar cuando quieras.
Es lo único que realmente puedo decir con certeza.
Todo lo demás, son palabras ahogadas en dolor y desesperanza y quizá no sirvan para nada.
Si es que alguna vez sirvieron.
Atte, completamente tuya y destrozada.
Tachy.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario