Es esa etapa donde las cosas que hemos hecho, tanto buenas como malas, nuestra vida, hábitos, costumbres, no nos llenan. Donde nos decepcionamos de lo que somos, de lo que tenemos y no nos sentimos completos con nada, ni con nadie, ni siquiera con nosotros mismos.
Quisiéramos poder cambiar algo pero al mismo tiempo no sabemos qué es ese algo. Te hartas de todo.
De la vida, de ser quién eres (o quién no eres), de intentar y fallar, de conseguir resultados a medias o totalmente nulos, de poner de tu parte en todo y no sentir algo a cambio, de ser bueno, de ser fuerte, de aguantar. Sencillamente te hartas de haber tomado las decisiones que te llevaron a estar así.
Y te decepcionas de ti.
Es un sentimiento muy difícil de explicar, el sentirte tan falto de ti. Pero sé que lo conocen, sé que todos han pasado por esa desazón.
Sin embargo, aunque todos sepamos que se siente, creo que hay una etapa crucial en la vida de cada persona, un momento donde esa decepción hará que todo cambie y dependerá de cada persona, tomar ese cambio como algo bueno o como algo malo. La etapa en sí, el punto de quiebra, es donde se te viene todo encima, en un sentido casi literal de la palabra. Es donde decides si renuncias a todo o si sigues con la fuerza que logres reunir.
El punto de quiebra, suele ser donde muchas personas renuncian a sus sueños y se conforman con cosas miserables, con amistades que no sirven más que para ratos, relaciones monótonas, trabajos mediocres, con vidas vacías.
Esto se da porque en ese momento no sientes que la vida tenga mucho más que ofrecer, que es todo lo que vas a conseguir de ti mismo, que no hay más camino que esa miseria.
A muchas personas se les olvida que la siguiente etapa después de la decepción es la aceptación.
Aprender a vivir con lo difícil, seguir luchando aunque parezca imposible, que hay más de lo que podemos pensar, que aún el mundo tiene mucho más que ofrecernos.
Que aún hay esperanza.
No debemos olvidarnos de eso. No debemos dejarnos llevar por esa etapa. Es importante vivirla y aprender de ella, pero no estancarse. No debemos perder la esperanza en nosotros, ni olvidarnos de que somos capaces de cualquier cosa que nos propongamos, siempre y cuando peleemos por lo que queremos.
Y aún más importante, no debemos perder la fe.
.
Atte:
Con esperanza en mí y en este mundo,
Tachy.
Tachy.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario