Y es que no puedo pretender cambiarte. No puedo pretender que solo por mi dolor tu vas a cambiar la esencia de quién eres. Solo duele y estoy tratando de aceptar el hecho de que va a doler toda la vida. Siempre va a existir ese pedacito en mi corazón que se lamenta lo sola que me siento cada que pienso en ti.
Es lo único que siempre quisé, ¿sabías? Solo quería que estuvieras ahí. Solo quería que escucharas las pendejadas que tenía por contar, las amistades que me lastimaron, los chicos que me rompieron el corazón, las cosas que no entendía y los sentimientos que estaba descubriendo. Solo quería saber que contaba contigo. Solo quería poder llegar a casa a pedirte un abrazo y llorar contigo porque había tenido un mal día y que me dijeras que todo iba a estar bien y que me querías. Solo quería tenerte.
Todo pasa en desorden en mi cabeza. No hay una línea de tiempo cronológica ni una situación específica que nos haya roto. Todo duele, todo sucede al mismo tiempo y odio todo.
Odio que te hayas ido cuando yo apenas tenía consciencia para recordarlo. Odio el día que me miraste arrodillada llorando en una esquina de mi cuarto porque alguien me había lastimado y solo pudiste decirme: "mire cómo la dejo" y te fuiste. Odio el día que quisiste culparnos a mi hermano y a mí de ser groseros y que por esa razón ibas a perder al "amor de tu vida". Odio el día que me encontraste llorando porque mi mejor amiga me había tratado mal y dijiste que era una bobada. Odio el día que te conté que un idiota había estado en mi cuarto y me había tocado y solo dijiste "ya sabía que algo así iba a pasar" y nunca me preguntaste cómo estaba. Odio el día que te encerraste en el baño a cantar una despedida en vez de salir a darme un abrazo porque me iba. Odio el día que me culpaste y me hiciste sentir como si fuera una prostituta por empezar a crecer y descubrir mi vida sexual. Odio el día que me llamaste asesina. Odio el día que dejaste que tu pareja lastimara a mi hermano y no hiciste nada. Odio el día que mentiste sobre los golpes que tenías en las piernas para defender a un hombre. Odio el día que apareciste en mi sala después de cuatro años y uno de tus primeros comentarios fue decirme lo gorda que estaba. Odio el día que te pedí nadar conmigo en la piscina, dijiste que no y un rato más tarde lo estabas haciendo con la hija de tu amiga, mientras yo miraba. Odio el día que te enojaste porque no había terminado de limpiar y me golpeaste con una vara de cortina en la espalda. Odio el día olvidaste mi cumpleaños y te fuiste todo el día a visitar a tu pareja, sin una felicitación, ni regalo, ni pastel. Odio el día que me dijiste que estabas orgullosa de la mujer en la que me he convertido cuando una de las principales razones de ello es que tú no estuviste para mí en mi peor momento.
Me dejaste sola tantas veces que realmente no puedo decidir en qué momento el daño se volvió irreversible. ¿Sabías que me siento sola todo el tiempo? ¿Sabías que aunque sé que tengo personas que me quieren y a las que les importo me siento como un constante fastidio para todos y siento que nunca cuento con nadie? ¿Sabías que todas las veces que alguien me ha dejado de lado siento que es mi culpa?
Tú me dejaste sola. Estabas ahí, te veía todos los días y aún así, me dejaste sola.
Casi hubiese preferido que la única distancia entre nosotras fuera la física, pero verte cada día y sentir que no podía hablarte de nada fue peor.
No sé de que sirve decir todo esto. No sé de que forma nada de lo que escriba pueda cambiar algo. No sé que signfica ese mensaje que me enviaste. No sé porqué estás pidiendo perdón. No sé que quieres de mí.
Lo intenté por mucho tiempo. Intenté entenderte, intenté estar ahí, arreglar el vínculo. Intenté justificarte. Intenté pedir perdón por cosas que creí que eran mi culpa. Intenté ser la niña, joven y mujer que tú querías que fuera para que pudieras estar orgullosa de mí, para que me quisieras...
Solo quería que estuvieras ahí, que me escucharás, que me aceptarás, que me quisieras.
Me diste todo: un techo, comida en la mesa, ropa, educación y varias estupideces que alguna vez quisé y pedí. Y aún así no tuve nada de ti.
No sé cómo perdonarte. No porque no quiera, porque es lo único que quiero, odio vivir con tanto enojo, ira y dolor por cada pensamiento que tengo de ti. Solo no sé cómo. No sé cómo dejar ir tanto dolor, no sé cómo rencociliar la idea que esperaba de una mamá a lo que realmente he tenido. No sé, te juro que no lo sé.
Me lastimaste y estoy segura de que yo a ti también. Estoy segura de que para tí fue muy difícil aprender a ser mamá con una hija que no sabía quedarse callada, que tenía una opinión para todo, que siempre fue muy liberal y que tenía un carácter tan parecido al tuyo. Estoy segura que en medio de mi crecimiento y de descubrir quién era yo, te cause estrés, dolor y mucho daño. No te culpo por no saber cómo ser mamá, no creo que nadie sepa cómo hacerlo. Ya te he pedido perdón por el daño que ocasioné, por las palabras mal dichas y por todas las veces en las que crucé la línea. Estaba aprendiendo, yo tampoco sabía nada de la vida.
Siempre esperé una disculpa por tu parte, siempre quisé que te acercarás a mí y reconocieras el daño que causaste, a mí y a mis hermanos y nos pidieras perdón. Siempre quisé que cambiarás para poder por fin tener una buena relación, que es lo único que siempre he querido. Y siempre supe que nunca iba a pasar. Siempre supe que tu forma de ser, quién eres, simplemente no te permite hacer algo así y lo había aceptado.
Así que no sé ahora que hacer con tu disculpa. No sé ni siquiera porqué te estás disculpando. No sé cómo lidiar con esto porque ya me había acostumbrado a tenerte en un cajón de mi mente, guardada bajo llave para poder vivir mi vida sin ahogarme cada vez que algo me recordaba a ti. No sé que se supone que debo hacer ahora, solo sé que duele.
Duele tener que revivir todo esto, duele querer gritarte todo esto y hacerte ver lo mucho que me lastima. Duele la sola ilusión de esperar que esta vez lo entiendas, que algo cambié. Duele y duele mucho. Duele en el alma, duele como si me hubieran abierto el pecho y me hubieran desgarrado y lo hicieran una y otra vez sin cesar. Duele.
Me rompiste el corazón de una forma en la que ningún hombre jamás podrá hacerlo. Nadie jamás podrá lastimarme hasta la más profunda fibra de mi ser porque eso ya está hecho.
Y no sé que va a pasar, porque no quiero vivir así el resto de mi vida pero tampoco sé que hacer. Solo sé que a pesar de todo te amo, quizá por eso es que duele tanto.
Y es lo único seguro que te puedo decir.
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Atte: Tachy.
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